Llega un instante en que los discos de siempre y los conjuntos de cabecera son reemplazados, de forma áspera, por el corro de la patata, los estribillos de Frozen y las canciones de animales. Sí, la música es entre las señales definitorias de que los hijos-nietos-sobrinos han entrado en nuestras vidas y, con ellos, su arsenal musical. La música siempre y en todo momento ha acompañado a la niñez, mas es en esta temporada cuando se ha multiplicado exponencialmente su presencia en la vida de los niños: en la escuela, en la T.V., en los teléfonos móviles... A las canciones tradicionales que pasan de abuelos a hijos y de estos a nietos hay que sumar el día de hoy la proliferación de proyectos musicales que tienen como público los más pequeños y, en los últimos tiempos, los que apuestan por reunir como oyentes lo que hasta el momento parecía imposible: progenitores al lado de hijos.Es cierto que los pequeños tienen su particular forma de relacionarse con la música, sobre todo por lo que respecta a la reiteración de esa canción preferida, una y otra vez, hasta llegar a la desesperación de sus progenitores. Mas asimismo es cierto que se puede aprender mucho de ellos y junto a ellos en su forma de vivir las canciones. Proyectos como Petit Pop, PicaPica, Chumi Chuma, Pinker Tones o bien Vela y Los Supremos prueban que sí se puede, que pequeños y adultos pueden localizar un mínimo común denominador para percibir juntos.

Petit Pop se formó en dos mil diez en Gijón con músicos provenientes de conjuntos 'indies' del llamado 'Xixón Sound', como Penélope Trip, Nosoträsh y Undershakers. "No es un proyecto, es un desenlace", afirma Lara G., vocalista y teclista. "Nos comenzaron a aflorar guajes por todos lados: hijos propios, sobrinos, críos de amigos... Conque es ineludible que si haces música toda la vida, cuando llega ese instante termines componiendo para ellos".Con 4 discos (el último, Vámonos en bicicleta, termina de salir publicado por Gran Sol), el conjunto gijonés ha ido tocando prácticamente todos los palos imaginables, desde el country al ska, pasando por la música celta, el punk, la electrónica, la ranchera... Las canciones se llaman No deseamos ir al zoo, Deseamos chuches, Llévame a los hinchables y charlan en clave entretenida de de qué manera los chavales torean a sus progenitores o bien padecen toneladas de extraescolares. "Si estamos logrando algo es echándole mucho sentido del humor a la vida. Y de eso los pequeños tienen considerablemente más", afirma Lara. "Charlamos de cosas que vivimos con ellos, mas asimismo nos sirve para sacar nuestra memoria infantil, pues todos hemos sido pequeños"."Como no somos ni Nosoträsh, ni Undersahakers, ni Penélope Trip, podemos hacer lo que nos venga en gana", asevera. "Y le damos a todo pues nos agrada todo. De ahí que deseamos que los pequeños escuchen todo género de música, que ya van a tener tiempo de hacerse de una tribu urbana o bien otra. Con este locurón de cantidad de información que hay en la red de redes, resulta realmente difícil establecerles un canon". Conque son los primeros que no se cortan y se atreven a cantar en asturiano un doo wop, una tarantela o bien una armonía garajera.Lara asegura que "hay mucho padre indie que escuchó mucha música y que ahora le agrada compartirlo con sus hijos. Todos , que iban a conciertos, desean continuar yendo.

Lo único, que va a haber que hallar horarios a fin de que puedan hacerlo con sus peques". Y en ese cambio de formas de entretenimiento es donde entran en acción conjuntos como Petit Pop, que este domingo ofrece en la sala Moby Dick de la villa de Madrid 2 actuaciones en horario vermú, con todas y cada una de las entradas agotadas. "El término de ocio infantil ha pasado a ser ocio familiar. Ya no es tanto dejar a tu pequeño en la piscina de bolas, que asimismo, o bien llevarles a los Cantajuegos y que estén encantados y desganado. La gente desea hacer cosas al lado de sus pequeños, estar implicados en su ocio".